viernes, 15 de marzo de 2013

The last day


Como dice la canción
que suena de fondo:
¡Y si hoy fuese el último dia!

Sobre las ruinas de la conciencia
o más allá
de la creencia más compleja.

Sobre la realidad abstracta
o sobre las decisiones
que describen aquellos
momentos más concretos.

Encima de la claridad emergente
o en el vértice opuesto de la ciencia.
Aquel planeta solo es producto
de una mente inquieta.

¿Cuantas veces viste
sobre el espejo
el reflejo de alguien
que se alejaba bastante de ser perfecto?

Sobre la superficie transparente
de un mundo inventado
pero puesto del revés:
¡Yo también me apunto!

Sobre un verso
puede existir una verdad,
una nube de mentiras
o simplemente un universo escondido.

Un universo de momentos
donde cada instante,
por muy poco intenso que fuese
no habría con qué pagarlo.

Las últimas palabras
y las más bellas fotografías,
el sol de mediodía.
en medio de una primavera de película.

Siempre hay una primera vez
con una fecha grabada sobre
la corteza de un árbol
o en el anverso de una pulsera de mano.

Siempre existe un puede ser;
pero nunca tendrás otra ocasión
de vivir dos veces ese: ¡The last day!
del que habla la canción.

El corazón cuando se detiene de verdad
lo hace para no dar marcha atrás.
Y atrás quedará
entonces todo lo demás.

Sobre la memoria
grabaré mi identidad.
Nunca podrás detener el tiempo,
ni desvelar tu último secreto.

Puede que para el resto
sea un día más.
¿Pero para tí, todo lo demás
será del todo cierto?

Sobre las ruinas de la conciencia
o más allá
de la creencia más compleja.

Nunca más tendrás la oportunidad
de vivir dos días de manera igual.
Son cosas de la ciencia.

Pero yo me pregunto:
¿Por qué hacerlo?

¡If today was your last day!

viernes, 1 de febrero de 2013

Enterré la fe

Enterré la fe
bajo una fría losa de soledad,
allá donde la hierba
no crece en los bosques,
porque hasta la verdad es cuestionada
con argumentos de relatividad.

Escondí la cabeza bajo el ala,
maldije mil veces al día,
la insolencia de un mal día,
aquel que jamás
me supo a poesía.

Procuro no saltarme las reglas;
pero tampoco evito incumplirlas,
cuando alguna de ellas conmigo
en mi camino se tropieza.

No confieso mis pecados
ante el altar maldito de nadie,
ya no.

La vida me hizo tanto daño
que por no sentir no siento,
ni siquiera lo que se siente al sentir
esto tan adentro que siento.

Yo también quise parar el mundo
y bajarme en el primer andén.
Quise dar media vuelta
para no enfrentarme
con los fantasmas del destino.

Quise enfrentarme al crepúsculo.
Osé embaucar a un arco iris,
al que le sobraban tonalidades
y le faltaba intensidad.

Ya no, ya no creo en casi nada,
el cristal de bohemia de mi corazón
saltó en mil pedazos
haciéndose añicos.

Donde estaban entonces
todas y cada una
de mis inciertas creencias...

Hoy me senté de nuevo
ante la soledad de mi conciencia,
haciendo memoria cercana
del pasado presente
que se cuela cada noche entre el hueco
dejado entre mi alma y la almohada.

No me resigno,
y aún camino, vivo,
miro y sonrío.

Esta intrincada nostalgia
parece haberse convertido
en una segunda epidermis,
que sin pedir permiso
me grita al oído silencios de amor.

No, ya no, ya no sé lo que siento
y aunque de puertas para fuera
todo parezca que nunca cambió,
los cuentos de hadas se esfumaron
y la buena magia fue desapareciendo,
dejando pasa a los malos trucos de adviento.

Ya no pregunto, ahora acepto.
Ya no divago, ahora escribo.
Ya no sueño,
tan solo intento conciliarlo.

Apenas duermo,
y sigo como siempre
diciendo que casi nunca miento.

No hinco mi rodilla ante nadie,
y quizá no me gane el cielo;
pero es que a estas alturas,
tampoco creo que lo quiera...
supongo... que ya no...

lunes, 21 de enero de 2013

Ando por ahí medio loca

Ando por ahí medio loca,
sin saber mucho o poco
con Moleskine y una pluma,
que aún no tiene nombre
comiéndome de un lado a otro el coco.

Como una vagabunda
que ansía palabras.
Como una princesa destronada
que aspira a un castillo,
donde las arcas
estén repletas
de letras y frases
tan bonitas como bellas.

Ando por ahí medio loca.

Los trotamundos son esos
viajeros infatigables
de búsquedas imposibles
cuestionables, enajenadas, absurdas,
e incluso espléndidas.

Ando por ahí medio loca,
todo me sabe a poco,
todo se convierte en un foco
que ilumina la salida del pozo.

El verbo amar
va grabado en la sangre
desde mucho antes
de que alguien te amara...

A ese amor
nada es comparable.

El amor es compañía;
pero sobre todo
el amor es anarquía,
nadie conoce el secreto,
nadie se hizo aún con su fórmula,
nadie aprendió completa su filosofía.

No es poeta quien escribe,
ni tampoco el que solo existe.

Es poeta quien ama,
desde el alba de una fría mañana,
hasta la mañana
de la siguiente mañana.

Con el único propósito
de seguir escribiendo
mañana tras mañana,
hasta que una fría mañana
te desnude por completo el alma.

El tiempo de redimirse
no es finito,
tiempo hay para todo
lo que no hay es vida
para poder templar ese tiempo.

La vivacidad de un iris,
las tonalidades y aureolas
de un colorido arco iris...

El acecho de un verso
para poder atrapar su esencia,
esa cristalina transparencia
que se esconde
tras la simple
y grandilocuente literatura
de una sola letra.

Un verso,
que hacer cuando una
atrapa un verso.

Pues eso, hacer
lo único que con un verso
puede hacerse:
¡Soñarlo, escucharlo,
adornarlo, acunarlo,
escribirlo y después y solo después
recordarlo, siempre recordarlo!

Un café sin azúcar amarga;
pero cuando una
se acostumbra a ese paladar,
más nunca lo tomará de otra forma.

Algo así ocurre con la literatura,
algo así ocurre con los poemas
muchos pueden ser tristes
o causar pena,
desesperación o desasosiego.

Otros muchos egocéntricos,
misteriosos, épicos,
excéntricos otros...

Pero cuando una los prueba
y saborea por vez primera
cuando los siente
desde las entrañas del alma,
más nunca volverá
a observar ni a vivir la vida, su vida,
de otra sabia manera.

Tantas cosas quiero decir
con esta pequeña epístola,
que al final concluyo como comencé.

Ando por ahí medio loca
sin saber muy mucho
o simplemente muy poco.

A sabiendas que el comienzo
es un final de un texto
o un punto y coma
en mitad de un verso.

Una coma bien puesta,
en su lugar de origen
donde poder manifestar
el privilegio de expresar una frase
que ya venía de vuelta.

Ando por ahí medio loca.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Reflejo incrustado en la pared

Estoy aquí otra vez cavilando sobre lo
real de mis ensoñaciones... ¿Qué soy?
¿Genio? No, demasiado cuerda.
¿Poeta? No, demasiado demente.

Acaso seré la poesía ¡no!
Solo soy la pluma que utiliza
el universo para escribir poesía.
La respuesta la encontré en la opaca
dualidad de mi alma.

Un raciocinio de delirio demasiado
taciturno para escrutar la belleza,
belleza que me es tan ajena en este
mundo de carnes moldeadas...

La belleza no es mi razón de ser, ya que prefiero ser
pintada por Picasso, 

que esculpida por Miguel Ángel.

La noche, la noche iluminada es mi hado.
Lo subreal de las estrellas bombeara
sangre a mi cerebro ¡no! La noche es demasiado
compleja para mi insulso sentir.

Mi filosofía será la puerta al universo ¿seré
yo el universo? el sonido del oxigeno,
el discurso de un sociópata, el llanto
diario que se pierde entre sonrisas y sollozos.
No, el universo es demasiado pequeño para
ponderar mis ilusiones.

Busco y no encuentro mi sombra ¿mi sombra?
¿Seré yo la sombra de la humanidad, la
excusa de un solo naciente, lo efímero de un
beso, lo tremebundo de un abrazo?. No, mí
identidad me es propia, no del mundo.

Tendré que buscar entre las nubes marinas,
las olas terrestres y el montículo aéreo.
Quizás allí pueda entender el significado de estas palabras.

Miro a lo lejos, hacia los puntos cardinales
tatuados en mi cuerpo. Veo la inopia,
el legado de mis héroes y mis pasos, ¿por qué
no encuentro mis huellas en aquellos caminos?

Cada vez más me hundo en el filo ácido de
sueños muertos. Entre la altivez de las diosas griegas
y los amantes de lo insondable.

Pero; ¿por qué no soy una más de las
que ve lo estático de un día? ¿Por qué me
endulzan con la quimera de la perfección?

Soy la ignorancia. ¡Si soy la ignorancia!
Que se recoge desahuciada y famélica, que
ciega no ve mas allá de lo que tiene al
frente. Soy la ignorancia que se da cuenta,
de que soy la búsqueda de mi identidad
y todo se reduce a la imagen
reflejada en el espejo.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Solamente sola

Acomodada en el sofá de mi anhelada soledad,
surcando mundos impares y océanos tales
donde uno si cae se ahoga; pero si sabe nadar
entre olas de silencios y de insultantes momentos...
permanecerá a salvo, sobre la cubierta de la Goleta:
"la gran Goleta de la Soledad".

Solamente sola, como la melodía
de una tarde de otoño, muy fría.
Solamente sola, como en mis primeros pasos
de juventud, como queriendo descubrir
lo que hay más allá de aquel allí,
que ayer se me prometió y perdí.

Solamente sola, como un estío de sol
hastiado de rojo fuego,
solamente sola, como la gran montaña de nieve y calma,
donde a nada por su nombre se le llama.

Hay instantes de sabiduría donde una cree
poder recoger el fruto de sus pasados días,
y momentos que te atrapan en el silencio
que no se apiadan ni de tus propios secretos.

La ingratitud no es una virtud.
El dolor puede transformar
a cualquier ser humano en un dios romano
o en un demonio endiablado.

Una nunca sabe si la soledad
la hará cruel
o la convertirá en un corazón fuerte,
que luchará a contracorriente.

Todos somos iguales;
pero no a todos se nos trata de igual manera,
quizá sea ese el verdadero secreto de la vida,
aquella que yo pensaba era maravillosa
por muchas desgracias que ocurriesen u ocurrieran.

Amig@ que diferente todo se ve
cuando la astilla no cae en ojo ajeno,
sino que se te clava de repente
en la retina y hace que la pupila se ennegrezca
y todo sea una lágrima negra
que te cubre como un manto de pies a cabeza.

¡Esperanza! - grité un día
y me senté a esperarla,
hoy sé que nunca llegará,
el tren pasó muy cerca
y no se detuvo en el andén
que yo esperaba con anhelo e ilusión.

Pasó como un ciclón,
como una tormenta en medio de un vendaval
de ingratas sorpresas.

Solamente sola, con mi inquietud,
con la inmaculada forma que adquieren las cosas
cuando uno las sueña de una sola forma.

Solamente sola, admirando notas musicales
dentro de los más agudos silencios.
Solamente sola, sin maleta de viaje,
sin dirección, sin destino ni equipaje.

Vivir de la mejor forma que la vida te deje,
vivir como un erudito que nada sabe;
pero mantiene vivo el principio
de ser fiel a sus poco instintos.

Solamente sola, como una oveja descarriada,
que casi nunca hace caso
o cuando alguien se fija en ella,
es para reprocharle algo.

No quiero una paz si para ello
hemos debido sufrir una guerra,
tampoco deseo la calma
que se aproxima justamente detrás de una desgracia,
si en ella perdí la esperanza del amor...

Solamente sola, aspirando solamente
a un beso de buenas noches,
cuando cada noche se sienta a mi lado
y me sonríe inundando mi soledad y mis silencios
de mágicos momentos.

Solamente sola, con aquellos pocos
que llevan mi sangre y me pertenecen,
tan solo porque yo a ellos pertenezco.

Solamente sola,
no quiero ser más nada de lo que soy...
ya no...

Soy solamente esto,
que pienso, siento y escribo.
Soy una sombra más dentro del tiempo,
soy un verso dejado atrás por el viento.
Solamente sola, solamente eso.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

¡Mírame!


¡Mírame!
Sin sombreros ni antifaces.
¡Solamente mírame!
entre espejos, montañas y reflejos.

¡Mírame!

Ya dejé atrás 
aquellas migas de pan,
con las que un día
creí que podría llegar.

¡Mírame! 
Solo abre los ojos
y observa mucho más allá
del cielo azul.

Mira mi luz,
su intensidad y claroscuros.

Mira entre el tono, la llama, 
mira la suavidad 
con la que se dilatan mis pupilas.

Mira mi impaciencia y su calma,
como luchan entre ellas
por conquistar tu lado de la cama.

¡Mírame!

Entre el perdón y la honestidad,
no existe lugar 
para consecuencias impropias
y sin embargo...

¡Mírame!
Mira mi sentido común,
el que aún conservo .

El que entregué al mejor postor,
fue sacrificado 
entre tinieblas y bambalinas
y no creo que pudieses mirarlo.

¡Mírame!
y que no te importe 
que nos puedan mirar,
por mucho que maldigan 
nuestras miradas.

Una mirada, la mía,
una mirada, la tuya.

Una más una 
nunca fueron dos
¡Término a término!.

Equivocaron el teorema
o perdieron 
una de las cuentas 
por el camino.

¡Mírame!
¡Tú mírame!

Aunque no quieras
Aunque no puedas
¡Mírame!
Aunque no lo desees

¡Mírame!
porque solo así descubrirás,
que por mucho que me mires,
por mucho que lo intentes...
nunca lo conseguirás.

lunes, 26 de noviembre de 2012

La luz de la insensatez


La luz de la insensatez
se abre ante mi,
como un cuchillo de hierro
y entonces:
¡La resonancia del verso!

¿Acaso hay algo tan bello?
¿Acaso la nieve depositada
sobre los tejados
no inspira a poetas y a angustiados?

Como quien duerme
dentro un cementerio bajo un fuego
raído de hastío y sorpresa.

¿Quién soy?
Cuantas veces
me hice la misma pregunta.

Y aunque la esperanza
se me niegue,
en una encrucijada de palabras,
hallaré, sin duda alguna, la respuesta.

El sol brilla, calienta, pero no asusta.
La luna sin embargo dibuja
sobre el falso techo de la cúpula
figuras estelares,
imaginadas en lienzos y estampas.

El verso, no es tiempo perdido.
El verso es un camino.

Una finalidad,
un recorrido a través de desiertos
y otros nuevos caminos,
que abren puertas y cierran secretos.

Nunca anochecerá lo suficiente
como para no amanecer.
Y nunca dejará de amanecer
aunque ya jamás nos volvamos a ver.

La luz es una sonrisa,
la luz es una caricia,
la luz es una promesa,
la luz es una experiencia.

La luz es una sorpresa
una cadena de favores,
un relicario de colores,
un doremifasoleando de melodías
donde todo puede ser lo que parece
y sin embargo nunca lo seguirá siendo.

La luz se enciende y se apaga.
La noche se hace y se deshace
como si fuese un truco de magia.

Y aún habiendo oscuridad
dentro de las tinieblas y su diversidad,
allí dentro, muy adentro,
siempre una pequeña luz brillará.

Porque nunca anochecerá
lo suficiente
como para no amanecer.

Porque nunca
dejará de amanecer por muy duro
que haya sido el anochecer.

Porque una luz
aunque sea la de la insensatez,
siempre te hará observar
mucho más allá del propio verbo “ver”.

Heme aquí, entonces,
iluminada por mi propio anochecer.
Heme aquí cabizbaja;
pero esperando de nuevo
el siguiente amanecer.